Uno se acuesta por la mañana el domingo pensando que pocas cosas cambian. Nos retrasan la edad de jubilación, pero no nos importa porque seremos jóvenes y mileuristas para siempre. Si no pensáramos así, no nos plantearíamos nunca seguir los pasos de Brad y Angelina e irnos al Kalahari a cazar gacelas, a posar en rollo aventura y a follar como conejos (o roedor local equivalente) mientras la prensa glossy espera impaciente un comunicado en el que se detalle cómo se pronuncian los nombres de nuestros treinta y tres hijos para poder aplicar el photoshop correspondiente a lo que de otro modo sería un publirreportaje sobre los beneficios del bótox y el relleno labial.
Esta mañana pensaba escribir sobre ese tema, que ya no es noticia, pero quizá sí crónica (o crónico). Que un desgraciado se nos haga becario y trascienda las fronteras de esa España mía, esa España nuestra no es algo que ocurra todos los días. Como mucho sucede seis o siete veces al año, por lo cual no deja de ser motivo de celebración. O puede darse el caso de que alguien no haya recibido el anuncio en su mural de Facebook. O quizá algunx estuviera más pendientx de sus propias causas. O, simplemente, no hace falta que un hecho sea novedoso o desconocido paraque nos animemos a hablar de él.
Y, de pronto, me he sentido teletransportado, abducido incluso. Una extraña sensación, familiar y desconocida al mismo tiempo, como si estuviera en la terminal de un aeropuerto, pero no un aeropuerto conocido; nada de Stanstedluton o Lutonstansted, ni tampoco era Barajas. Una emoción me agitaba por dentro, hacía rebobinar los recuerdos como aquel anuncio de Mercedes en el que el locutor nace viejo y termina en el momento del nacimiento (que las únicas corridas que se pueden ver ahora en la tele son las de toros). Por fin me ha quedado claro. No era ni caro ni barato, ni emoción ni recuerdo, ni entrañable ni familiar. Simplemente eran arcadas.
Las actuales generaciones de larvas de humano ya pueden comer gato en caja.
lunes, 25 de octubre de 2010
Mood swings, o la invasión taiwanesa
Publicado por Ait
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2 comentarios:
Cada 33 minutos millones de gatos son devorados, no tiene gracia.
gato en caja y no gato echao?
al final va a ser verdad que la fin del mundo está más cerca de lo que pensábamos.
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