sábado, 5 de enero de 2008

El Elegido

Ya me extrañó que San Darío se apiadase de mí.

Primera semana de 2008. Voy a Sevilla con intención de dormir en casa de Leo para coger el Ave a Madrid al día siguiente. Todo perfecto… hasta entonces.

Primer aviso: el despertador no suena, voy con retraso, llueve a cántaros, la toalla y el jersey mojados en el balcón. Pero consigo llegar al tren a tiempo. Por un momento pensé que San Darío me tenía guardada esta nada más empezado el año. Pero no, se apiadó de mí, no podía desgraciarme la primera semana del año.

Ya en Madrid, comienza mi búsqueda de piso. Una habitación, otra… todo bien hasta que la desgrasiaura se ceba conmigo. No tengo bastante con tener que subir y bajar las escaleras del metro con muletas, sino que, ahora, me entra un gripazo del 15. Todo el puto jueves deambulando cual alma en pena por Madrid: cojo, solo, con muletas, con frío y con fiebre.

A punto ya de resignarme y aceptar los deseos de nuestro patrón, pensando ya en abandonar la búsqueda y retirarme a hibernar, en ese momento, suena el móvil:

- Luis, que hemos decido que eres el elegido.

¡Alivio! Pero no le quiero dar más oportunidades a San Darío. Saco dinero rápidamente, pago la fianza y para casa. Solucionado.

Me traigo de Madrid las llaves de un nuevo lar, un gripazo del 15 y la sensación de que San Darío me quiere poner a caldo este año. También para él, este año soy El Elegido.

0 comentarios: